Las mujeres de las islas y la crisis climática: las interseccionalidades en el punto de mira

Fuente de la imagen: Yohanes Deobi

Por Taís Serra Montani, Investigadora Sénior de EmpoderaClima

El cambio climático afecta a los distintos grupos de forma desigual, y las mujeres y las niñas se encuentran entre los más vulnerables y expuestos a riesgos inmediatos. En los países insulares, considerados en primera línea debido a que los impactos ya son intensos, se han visto obligadas a desarrollar sus propias estrategias de adaptación ante una rutina marcada por los desastres climáticos.

Los efectos de la crisis climática en los países insulares

Los países insulares son los primeros territorios en verse afectados de forma permanente por la crisis climática. Se trata de territorios de pequeño tamaño, repartidos por todos los rincones del mundo, pero concentrados principalmente en América Central y el Océano Pacífico. Estas regiones son las más destacadas cuando se habla de la representación de los isleños en foros internacionales, así como en coaliciones como los PEID (Pequeños Estados Insulares en Desarrollo). 

Los desastres medioambientales ocurren en todo el mundo, pero los efectos que causan en las islas, a corto plazo, es su desaparición total. A medida que las tierras insulares son consumidas por el aumento constante del nivel del mar, parte de la identidad cultural de los pueblos también se va borrando y la población, quedando sin hogar. 

El aumento del nivel del mar, efecto directo del calentamiento global, lamentablemente no es la única consecuencia ya visible en las regiones insulares. Las condiciones del agua influyen directamente en la actividad económica de la pesca y en la supervivencia de los arrecifes de coral, que por sí solos son responsables del equilibrio del hábitat marino para la mayoría de las especies, incluidos los peces. 

Gran parte de la economía de las islas gira en torno a la pesca y la agricultura de subsistencia, con una escasa diversificación económica. Es decir, sus economías dependen directamente del medio ambiente y de las condiciones climáticas; por lo tanto, el desequilibrio del ecosistema está intrínsecamente ligado a la supervivencia de los pueblos que allí habitan.

Dado que la economía, la vivienda, la cultura, la calidad de vida y el acceso al agua, a la energía y al resto de derechos básicos están en peligro, es necesario prestar una atención prioritaria a los países insulares que ya están sufriendo, en todos los estratos de la sociedad, los efectos de la crisis climática a los que se enfrentan en primera línea. Si sumamos todos estos retos a las interseccionalidades sociales, los grupos vulnerables de estas regiones necesitan soluciones urgentes.

Creditos: Pok Rie, Terengganu, Malaysia

La interseccionalidad es fundamental para reconocer cómo las identidades sociales superpuestas, como el género, la raza y la clase, moldean las experiencias individuales de desigualdad. Para las mujeres de los países insulares, esta perspectiva es esencial para abordar las vulnerabilidades agravadas a las que se enfrentan debido al cambio climático. Integrar la interseccionalidad en el discurso climático significa reconocer cómo interactúan las desigualdades sistémicas, amplificando la marginación, y garantizar soluciones inclusivas que reflejen realidades diversas.

¿Y cómo afecta esto a las mujeres de esas regiones?

Las mujeres, al ser mayoría en el subempleo y el trabajo informal en todo el mundo, viven en gran número en regiones de riesgo, por lo que son vulnerables a sufrir daños materiales e incluso sanitarios. Existe una mayor propagación de enfermedades, un mayor riesgo de inundaciones y de contacto con aguas contaminadas, además del consumo de alimentos marinos que ya no tienen la misma calidad para el consumo debido a las condiciones de los océanos, entre muchas otras cuestiones que atraviesan la crisis climática en estas regiones.

Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), a nivel mundial, las familias encabezadas por mujeres sufren pérdidas de ingresos un 8% mayores cada año debido al estrés térmico, en comparación con las encabezadas por hombres. Esta diferencia representa un impacto económico significativo, que asciende a unos 37 billones de dólares anuales. Otro dato alarmante es la reducción de aproximadamente un 3% en los ingresos de las familias encabezadas por mujeres, lo que supone una pérdida anual estimada de 16 billones de dólares, en comparación con las familias encabezadas por hombres.

Las mujeres son especialmente vulnerables a los impactos psicológicos y sociales de los desastres climáticos, ya que acumulan pérdidas materiales, riesgos para la seguridad y responsabilidades adicionales de cuidado, a menudo sin acceso adecuado a apoyo en materia de salud mental. Esta vulnerabilidad se agrava en situaciones de desamparo, en las que se intensifican las desigualdades de género, aumentando el riesgo de violencia sexual en los refugios, dificultando la movilidad en zonas inseguras y ampliando las barreras de acceso a la salud, lo que hace que la recuperación sea aún más difícil para ellas.

En estos contextos, y ante la necesidad de adaptarse a nuevas realidades constantes a medida que el territorio se reduce, es esencial tener en cuenta las vulnerabilidades económicas de las mujeres. A menudo madres solteras, teniendo en cuenta los niveles de subempleo y las condiciones de vivienda, tienen mayor dificultad para seguir adelante después de que las catástrofes asolan sus regiones. La capacidad de resiliencia, por mucho que tenga sus raíces en la mente, depende de factores socioeconómicos para hacerse realidad para la población. La resiliencia y la adaptación existen en la medida en que las oportunidades son viables.

El Foro sobre Igualdad de Género promovido por ONU Mujeres en el Caribe reforzó la preocupación de los PEID por los impactos desiguales de la crisis climática sobre las mujeres y las niñas. Los representantes de estos países destacaron que, además de ser más vulnerables a los efectos de los desastres naturales, las mujeres se enfrentan a barreras estructurales que limitan su acceso a los recursos, la educación y la participación política. El evento sirvió de plataforma para debatir soluciones inclusivas, como la financiación climática con perspectiva de género, el fortalecimiento del liderazgo femenino y la integración de la equidad de género en las políticas de adaptación y mitigación climática.

Creditos: Aamir Dukanwala

La importancia de los recursos financieros para hacer frente a la crisis

Los países insulares cuentan con un presupuesto mucho más reducido para poder abarcar todas las esferas de infraestructura y las interseccionalidades necesarias, sobre todo cuando la reconstrucción del territorio es una cuestión cotidiana. En este sentido, la financiación climática es de extrema importancia para que estos países, que han contribuido con menos del 1% de las emisiones globales, puedan recuperarse cada vez que se ven afectados por catástrofes climáticas.

Reconstruir es más costoso que prevenir. Por cada dólar gastado en políticas de mitigación y adaptación, se ahorran 7 dólares en posibles pérdidas económicas y en la reconstrucción de las zonas afectadas. Esta consideración es meramente financiera, ya que, desde el punto de vista social, es esencial garantizar la seguridad de la vida de la población y la estabilidad de la calidad de vida.

No es ninguna novedad que los países del Sur Global hayan sufrido constantes decepciones debido a las promesas incumplidas de los países del Norte Global en materia de financiación que podría salvar vidas y apoyar la conservación cultural y territorial de esas regiones. El principal ejemplo de promesas incumplidas es el acuerdo de inversión de 100 billones de dólares al año para que las naciones en desarrollo puedan hacer frente a los impactos de la crisis climática. Esta cantidad se acordó ya en el Acuerdo de París, en 2015, pero aún no se ha implementado en el ámbito internacional: la creación del Fondo de Pérdidas y Daños, creado en 2022, es la oportunidad que tiene el Norte Global de revisar sus compromisos con el Sur. Durante la COP 30, los países de la Unión Europea y los bancos de desarrollo anunciaron sus intenciones de inversión, pero las cifras siguen siendo muy inferiores a la necesidad estimada de 724 billones de dólares anuales para hacer frente a las pérdidas y daños en los países en desarrollo.

La financiación también es decisiva para expandir las energías renovables en los PEID, que dependen del diésel importado y se enfrentan a altos costes y a la inestabilidad eléctrica. En el contexto del avance de la energía limpia en las islas, las mujeres desempeñan un papel crucial, ya que han asumido una responsabilidad central en la seguridad energética doméstica y el cuidado familiar. Esta posición estratégica las convierte en agentes clave para soluciones sostenibles y resilientes. Sin embargo, su plena participación sigue viéndose limitada por la falta de representación en los espacios de decisión y por las dificultades de acceso a la financiación para actuar o emprender en el sector de las energías renovables, lo que compromete la eficiencia de la transición energética en estas regiones, que contribuiría de manera significativa a las comunidades.

La unión de los países insulares en la escena internacional

Debido a la falta de representación y de atención a sus demandas, se crearon coaliciones que facilitaran a los habitantes de las islas llamar más la atención en conferencias como las COP de la CMNUCC (Conferencias de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático) y presionar a los países del Norte Global para que asumieran compromisos significativos. Así, se crearon los SIDS y la AOSIS (Alianza de Pequeños Estados Insulares, en inglés, Alliance of Small Island States), entre otros grupos. Lo más destacado de la actuación de estas coaliciones es que aportan mayor atención y políticas en los foros internacionales, ya que son más numerosos frente a los países desarrollados.

La representatividad en los espacios de negociación no se refiere únicamente al derecho a la participación en igualdad de condiciones, sino también a una forma inteligente de maximizar los recursos, asignarlos de manera óptima y atender las demandas reales de las comunidades que ya se enfrentan a las consecuencias extremas del cambio climático.

Las interseccionalidades de la crisis climática están directamente relacionadas con la primera línea. Las pérdidas y daños de estas comunidades, más concretamente de las mujeres, son significativos. Son innumerables los retos a los que se enfrentan en casos de desamparo e inundaciones. Las demandas necesitan recursos urgentemente y forman parte de una lista exhaustiva. Y el momento de actuar es ahora.

El discurso de una joven activista de Papúa Nueva Guinea llamó la atención en la COP26: “Eliminen los plazos. Mi pueblo es la solución. Esta es nuestra tierra y nosotros tenemos las conexiones. Trabajemos juntos y dejemos que se cuente nuestra historia. Confíen en nosotros para liderar nuestras soluciones a nivel local y actuar ahora”.

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